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Una noche de septiembre de 2013, un nutrido grupo de ilustradoras chilenas se reunió a conversar. Habían participado en la revisión de portafolios que la ilustradora británica Pam Smy realizó en Plop! Galería y se sentían inspiradas; concluyeron que necesitaban crear algo… juntas. Así fue cómo nació el colectivo de ilustración Cooperativa de Ilustradoras Libres que tres meses después inauguró su primera exposición y del cual forman parte nuestras entrevistadas de hoy.

Maritza Piña, Daniela “Danielitis” Zomosa y Natalia “Alterna” Cáceres son ilustradoras con experiencia en el trabajo dentro de colectivos. Desde el año pasado, Maritza también forma parte de Monos con pincel (2008) y en enero creó Chincol, junto a los ilustradores Rodrigo Avilés y Daniela López. En tanto, “Danielitis” y “Alterna” componen una dupla creativa que comparte el mismo espacio de trabajo: Taller Ninja, un antiguo y amplio departamento ubicado en Providencia y que sirvió como escenario para esta entrevista.

¿Cómo es la modalidad de trabajo de estas pequeñas comunidades de creativos y qué buscan al unir fuerzas? Daniela asegura que, junto a Natalia, se dieron cuenta que podían “aprovechar el espacio y organizar actividades, como ferias o talleres”. Por su parte, Natalia afirma que estos grupos son “como una red de personas en las que se puede confiar”. Y Maritza cree que el fuerte de los colectivos es que “entregan el pretexto para hacer cosas, para compartir con otras personas y aprender de ellas. Para mí eso es un motor bastante fuerte”.

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Esa iba a ser mi primera pregunta: ¿qué las motiva a trabajar en grupo si como ilustradoras independientes pueden hacer el mismo trabajo por su propia cuenta?

Natalia: Nosotras con la Dani nos unimos para poder invitar a la gente a un lugar a ver nuestros trabajos. El agruparse ayuda a no llevarse toda la carga uno mismo. Por ejemplo, arrendar un taller solo es complicado, es harta plata; entre dos es mucho más fácil. Entonces, así, tenemos el espacio para trabajar, hacer talleres y ferias. Además, es mucho más fácil presentarte ante el mundo como un grupo que como un ente solo. Si se te va la idea, el otro te puede ayudar o te complementa para hacer cosas. Siempre hay alguien que es más activo o más operativo.

Maritza: En Monos con pincel pasa eso: somos hartas personas, pero Inés Figueroa tiene la tarea de gestionar el trabajo y decir qué día hay que enviar la ilustración mensual. Porque tenemos un blog y cada mes hay un tema, un pie forzado. Y esa es una de las cosas que a mí me mueve a estar en un colectivo: salir de mis temas, de la zona de confort, y tener el pretexto de hacer cosas que quizás sola me daría lata hacer. Son instancias que requieren rigor y no se puede fallar porque hay un compromiso. No es de vida o muerte, pero se debe tomar en serio porque hay un interés personal y colectivo.

¿Durante la formación del colectivo se discute el carácter de éste? Es decir, ¿se acuerda si el trabajo que se vaya a generar dentro de la agrupación va a ser serio y profesional o lúdico y experimental?

Natalia: Para nosotras, Taller Ninja es un espacio de trabajo, o sea, salir de la casa y tomárselo en serio. Porque al menos en mi casa, ¡nadie cree que frente a un computador realmente se trabaja! (risas). Entonces, necesitaba salir a hacerlo tranquilamente. Y aquí no vengo a mirar el techo, vengo a hacer cosas, a producir. El trabajo es entretenido, pero para mí no es un hobby.

Daniela: Claro, porque si ésta fuera mi pieza, tendría toda la ropa en el piso (risas). Eso sería no tomármelo en serio. Aquí se forma un respeto, un orden obligado por respeto a la persona que trabaja también aquí. Compartir un espacio te obliga a tener una disciplina.

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¿Cómo son las modalidades de trabajo de los colectivos a los que pertenecen?, ¿en vivo o por internet? ¿Qué es más cómodo para ustedes: el trabajo cara a cara o el virtual?

Maritza: Con los monos nos juntamos una vez al mes. Generalmente en la mañana, porque hay algunas integrantes que tienen hijos. Organizamos las cosas que queremos hacer, vemos los temas a ilustrar de los próximos meses y luego, virtualmente, por cadenas de correos, vamos organizando todo. Inés es la que se encarga de gestionar eso. Y en el caso de la Cooperativa de ilustradoras libres, organizamos todo en un grupo de Facebook privado.

Daniela: A mí me pasa que en Internet sueno muy desagradable (risas).

Natalia: A mí me dan lata las cadenas de correo demasiado largas, y al final no las entiendo.

Maritza: Sí, es que con dos o tres correos, filo, pero cuando ya son treinta y ocho mensajes… es complicado. A mí me gustan mucho las reuniones en vivo. Es todo más claro y se genera feedback sin malos entendidos. Son súper necesarias, pero por tiempo es mucho más cómoda la virtualidad, porque al menos yo vivo en La Pintana, a una hora y media de todo.

A propósito de eso, ¿hay desventajas en el trabajo de un colectivo?

Daniela: Yo creo que nada de más de tres personas funciona. Es complicado porque con tres personas ya tienes un “cahuín” (risas).

Maritza: La organización en equipos de trabajo de muchas personas cuesta mucho.

Daniela: Y siempre va a haber alguien que se va a llevar una carga más grande o alguien que descansa en otros.

Maritza: Claro, siempre va a haber dos o tres personas que son más activas, que están constantemente pensando en pos del grupo, y siempre va a haber personas que las siguen y otras que hay que acarrear. Yo siento que ese fenómeno se da siempre. Hay personas que son líderes naturales, otras son mejores para gestionar y otras son más calladas. Pero sí, yo creo que la desventaja máxima de un colectivo de muchas personas es su organización.

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Y en cuanto a la crítica constructiva respecto al trabajo del compañero de colectivo, ¿cómo se da en sus respectivos grupos?

Daniela: Yo soy súper crítica, y si no me preguntan prefiero no decir nada, porque hay un tema muy sentimental de parte de los ilustradores respecto a su obra. No puedes decir que algo está horrible. Si me preguntan, hablo. Porque también soy de la idea de que cada uno está bien convencido de lo que está haciendo, entonces ¿para qué embarrarle la onda a alguien? ¿De qué va a servir mi opinión si no es positiva? A no ser que una persona quiera una opinión negativa.

Pero, la idea de pertenecer a un colectivo, ¿está ligada a la búsqueda de la crítica constructiva por parte de los otros miembros de ese grupo?

Daniela: Es que no sé si sea algo del chileno, pero la gente no se dice las cosas. Yo siempre critico eso, de hecho (ríe). Si ven algo que no está bien hecho, no te lo van a decir. Pero yo creo que, en ese sentido, no hay que buscar un colectivo para encontrar crítica, sino que hay que buscar buenos amigos. Y amigos exigentes.

Maritza: Yo creo que si eres muy amigo de tus compañeros quizás se van a atrever a decir que no les gusta lo que estás haciendo o que lo podrías hacer de otra manera. Pero mi experiencia en colectivos ha sido más de juntarme con otras personas a hacer cosas, a pasarlo bien, y no sé si a buscar crítica. Creo que en los colectivos se respeta mucho la individualidad y el estilo de cada ilustrador. La idea general es mostrar tu trabajo, más que buscar que te lo critiquen. Eso es lo que yo he percibido, por lo menos.

Natalia: Claro, porque yo no estoy trabajando para la Dani, yo estoy trabajando para el resto de la gente. Ese es mi pensamiento, entonces creo que lo que hay que hacer es mostrarle al otro lo que uno está haciendo y apoyarse mutuamente. Además, creo que cuando estás rodeado de gente que trabaja en lo mismo, te das cuenta solo cuando lo estás haciendo mal. La autocrítica es más fuerte que la de los demás.

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¿Creen que es necesario que se generen lazos de amistad dentro de un colectivo?

Daniela: Ojalá no… ¡Já! ¿Te cachai? (risas)

Maritza: ¡Me carga la amistad! No tengo amigos (risas).

Daniela: Pucha, no sé, es que yo soy como un alienígena (risas). No, pero es que yo creo que la amistad es una cuestión que pasa, como el amor.

Natalia: Yo creo que hay que mantener la cordialidad.

Daniela: Eso. Hay que saludar, ser buena onda y tener claro que son todos colegas, pero considerarlos a todos como amigos es un error muy adolescente. 

Dentro de este tipo de grupos, ¿se genera una mayor presión por encontrar el estilo personal y diferenciarse del resto de los miembros?

Maritza: Yo creo que estar en un colectivo es justamente para poder expresar tus propias cosas no más. No estás buscando tener un hilo que una todos los trabajos. E incluso, si en el colectivo se pone un pie forzado para ilustrar de manera mensual, naturalmente todos los trabajos van a ser diferentes. No creo que haya un esfuerzo por buscar ser diferente, porque de todas maneras lo vas a ser; nunca vas a hacer algo que sea igual a lo que hizo otra persona.

Y fuera de los colectivos a los que pertenecen, ¿creen que existe hoy una especie de gremio de la ilustración? No oficial, por supuesto, pero ¿sienten una camaradería entre pares?

Daniela: Yo lo siento de parte de otras amigas ilustradoras. Nos apoyamos en general. Como que formamos parte de un colectivo mayor, pero de amistad.

Maritza: Yo creo que sí se da. Por ejemplo, yo estoy dedicada a la ilustración hace poco tiempo, pero he conocido a mucha gente y noto que hay un deseo general que todos nos lo tomemos en serio y que todos logremos cosas. No sé si yo he tenido la suerte de encontrarme con gente muy generosa y desinteresada, pero encuentro bacán que haya tantas personas apasionadas por este tema. Todos queremos hacer las cosas bien y de forma profesional, entonces yo creo que sí hay una camaradería. Cuando alguien dice que todavía no le pagan, por ejemplo, a todos nos da rabia porque a todos nos ha pasado. Se genera una empatía súper rica.

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