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En mis manos tengo un libro que me da la espalda, la novela gráfica qp (éramos nosotros), última entrega de la historietista PowerPaola, quien nació de forma virulenta en Quito en 1977, un libro de suspenso.

Tal como su entrega anterior, Virus Tropical (2013), qp es un relato autobiográfico, un género que ha caracterizado a la artista a lo largo de su carrera. Pero a diferencia del anterior, en vez de presentarnos una estructura narrativa lineal, PowerPaola nos inivta a recorrer una colección de recuerdos, fragmentos no sólo en el tiempo, sino también en el estilo, que se remontan a un punto cercano al año 2006 y transcurren hasta pasado septiembre de 2012. qp es algo así como un álbum fotográfico, de esos que recopilan los viajes de su dueña, pero en forma de historietas. Momentos clave que con facilidad podrían ser confundidos con lo absolutamente cotidiano y que, así como los álbumes de fotos, no nos cuentan la historia completa, esa es nuestra labor como lectores.

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No es difícil imaginar el final de este viaje ilustrado, en el que cada episodio registrado nos entrega una pieza de la vida en pareja de Paola (P) y Quique (Q) y, entre anécdotas y desnudos nos revela un poco más de lo que son. Digo son y no fueron, de forma totalmente deliberada, porque a medida que leo, siento cada vez más que esta historia está enfocada no en lo que ocurrió, sino en el presente o tal vez en varios momentos presentes, que culminan con el último de los momentos, el de la historietista compilando la obra. Es cierto que el subtítulo, “éramos nosotros”, es en pasado y la materia prima es el recuerdo, pero la obra está constantemente enfocada en un extraño momento intermedio, un tiempo muerto en la vida de los personajes, entre un hecho y otro, entre la historia como pareja y las aspiraciones personales. El presente que preocupa a qp no es el presente ni del lector, ni de la artista, sino el de los personajes.

La Paola, no la real, sino la dibujada, no piensa demasiado en el futuro, está inmersa en un viaje constante entre diversas locaciones, pero se adapta rápidamente. “¿Te has dado cuenta de lo fácil que hacemos de cualquier lugar nuestra casa?”, pregunta Q tirado sobre una cama salvadoreña, mientras P lo mira al salir de la ducha. Esto refleja la naturaleza de P y Q como dúo, que viven donde sea con las monedas que pueden encontrar, haciendo de este viaje por el mundo (que para otros pudiera resultar extraordinario) algo de lo más cotidiano. Las circunstancias no importan, después de todo, como dice Paola: “Lo único que quiero hacer en la vida es dibujar y estar con Q”. Esta afirmación se siente totalmente sincera, aún cuando sabemos que ya no es tal. Es ahí donde nace el suspenso.

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Como lectores nos enfrentamos a un viaje finito, sabemos a dónde vamos, pero no conocemos el punto de quiebre. ¿Qué fue lo que no funcionó? Esa puede que sea la primera pregunta, pero ciertamente no es la correcta. El libro no nos invita a resolver un misterio, nos obliga a vivir el suspenso, esa ironía dramática de saber el final de la historia, mientras P y Q viven sus vidas, al parecer, sin saber lo que sigue o sin querer saberlo. Y aunque Q no parece cuestionárselo demasiado, viviendo en base al “todo va a estar bien”, P parece no estar del todo contenta con su situación, no con Q, sino con ella misma, con lo que ella es en solitario. Y luego hay dos saltos al vacío.

El final predicho llega, pero tal vez no de la forma esperada. El quiebre es una despedida, claramente, y no carente del dolor de lo que termina, pero sí marcada por una idea muy presente en todo el resto del viaje: “El fin es una frontera arbitraria que separa un momento de otro”, una frase de Q que aunque pueda sonar un tanto cliché, es acertada. Y en ese sentido, me es difícil tildar a este libro de una historia de pareja, un relato de amor o un manual de relaciones. Siento que qp va un poco más lejos que eso, es una exploración del momento presente, porque aunque Q y P eran ellos, hoy P está lejos de la inseguridad de su doble de papel. Ella es la que recuerda, compila, dibuja y, ciertamente, conmueve.

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Recomiendo totalmente este trabajo, no sé si para los románticos, sino para todos los que se han sentido alguna vez en ese espacio intermedio, entre el goce y la inseguridad, entre ayer y mañana. Hoy.

Y no fue hasta el final de la reseña cuando noté que tal vez cometí un error al inicio. Puede que Q y P den la espalda en la portada, pero también están mirando hacia adentro. Aunque podría estar totalmente equivocado.

En palabras de Paola: “¡Gracias Q!”. Y en palabras mías: “¡Gracias, P!”.

Con amor, M.