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A la ilustradora chilena María José Puga (o a Meduliana, su alter ego artístico) le gusta dibujar zapatos puntiagudos, paraguas y ventanas redondas, según confiesa en su propio blog. Y por sus posts también se puede ver que le fascina trabajar con acuarela, experimentar con la animación de sus ilustraciones y crear proyectos con otros artistas. En esta última línea se enmarca su empresa más ambiciosa: Loba, la primera tienda-galería-taller de Valparaíso dedicada de manera exclusiva a la ilustración y a la narrativa gráfica emergente.

En 2012, y junto a la fotógrafa Geraldine Pacheco, María José abrió las puertas de este espacio pionero en la Quinta región. Charlas, exposiciones y encuentros con distintos artistas nacionales y extranjeros han formado parte de las actividades que Loba ha ofrecido desde sus inicios, siempre abordando temas contingentes y relevantes socialmente: el objetivo de Loba es expresar, discutir, aullar. Y su próximo aullido se hará escuchar este fin de semana.

Apocalipsis” es el primer festival de ilustración de Valparaíso, organizado íntegramente por Loba: en tres días (17, 18 y 19 de octubre) pretende desplegar un variado racimo de actividades basadas en la profesión que apasiona a María José Puga.

Imagino que el constante trato con nuevos ilustradores y otros artistas del área gráfica, a raíz de tu trabajo en Loba Tienda/Galería, conlleva grandes cuotas de inspiración, de motivación a seguir trabajando en tus propias ilustraciones. ¿De qué manera ha afectado la Loba a tu proceso creativo?

Claramente el estar en contacto con nuevos ilustradores y proyectos ilustrados afecta mi proceso creativo como ilustradora, primero desde la inspiración. Me sorprende la búsqueda incesante de los jóvenes ilustradores por llevar su trabajo a nuevos formatos y como lo “hecho a mano” es cada vez más profesional y rico en mensaje, logrando transmitir la infinidad de posibilidades que tiene este bello oficio. Eso me inspira a seguir creando y gestionando, ¡hay tanto por ver! Y segundo afecta mi tiempo, el cual se mezcla con el tiempo dedicado a la galería, por lo que ha sido difícil estar constantemente actualizando mi sitio web, mi portafolio, etcétera. Por lo tanto, he tenido que priorizar los encargos que recibo y aprender a decir que no para poder dedicar tiempo a mis proyectos personales, que son los que me apasionan. Creo que hasta el momento he podido llevar el ritmo, que es lento, pero seguro. Puedo decir que sí inspira mi trabajo personal estar en esta posición de observadora, de gestora.

¿Cuáles son esos proyectos personales en los que te estás enfocando actualmente? ¿Puedes revelar algo de ellos?

Estoy trabajando en un proyecto que se llama “Valparaíso ilustrado”, que es un registro a modo de crónica ilustrada de todos y cada uno de los cerros de Valparaíso, y me tiene muy entusiasmada. Salgo una vez por semana, muchas veces en compañía de mi hijo Dante, a caminar por los cerros, parando en cada esquina para dibujar, conversar y entrevistar a las personas. ¡He escuchado tantas cosas, tantas historias que no sabía de mi bella ciudad! El proyecto tiene tres etapas: la primera es ilustrar todos los cerros, que son 42 y llevo 14. Esta semana me toca el cerro La Virgen, por ejemplo. Después, las ilustraciones van a pasar a formato cartel y finalmente a un libro. No he tenido tiempo de escanear todo y subirlo, pero pronto quiero hacer una web con el material para ir viendo el proceso.

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En una entrevista que concediste a Fundación La Fuente declaraste lo siguiente: “…a mí me interesa llegar a la gente que vende sopaipillas en la esquina, a la señora que compra el pan. No me interesa hacer una galería sólo para ilustradores, me interesa llegar a la gente, a todo el mundo. El proyecto real es que la gente vea”. Sin embargo, posicionar el verdadero valor de la ilustración a nivel popular es una labor difícil. A modo de autoevaluación, ¿crees que Loba en sus dos años ha logrado generar un cambio al respecto? Y, ¿en qué sentido?

Loba lleva un poquitín más de dos años, pero sí, es una labor difícil posicionar la ilustración a nivel popular. La galería es visitada por escuelas y liceos públicos de Valparaíso y del interior. Al estar ubicada en un cerro, en una casa, hace que tenga de alguna forma vida de barrio: la visitan vecinos, ciudadanos de Valparaíso y no sólo turistas. Sin embargo, a modo de autoevaluación diría que estamos en camino, estamos trabajando para acercar la ilustración a todo público y el festival Apocalipsis es un intento de aquello. Van a haber actividades en espacios públicos, de libre acceso y la mayoría son para gente no necesariamente entendida en el tema. Siento que con acciones como éstas podemos integrar la ilustración al discurso cuidad.

El festival Apocalipsis es un esfuerzo colectivo entre el equipo de Loba, Abrazo Ediciones y sus demás colaboradores. Pero, ¿cuál es tu objetivo personal con este gran evento? ¿Qué esperas que el público asistente (ya sea entendido en la materia o no) saque en limpio de este festival de ilustración?

Lo primero es que espero que todos sobrevivan al Apocalipsis. Segundo, que la ilustración sea un concepto cada vez más cercano para las personas y, por último, que todos los que vivan el festival de alguna forma se den cuenta de que es posible hacer cosas donde sea que estén, y que lo importante es no detenerse.

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