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La pasión creativa de Abril Castillo está dividida en partes iguales. Su amor por el dibujo, la escritura y la edición de libros es equitativa y se dedica a fomentarlo en los más jóvenes. Abril es una de las invitadas internacionales que traerá FESTILUS 2015 a Chile y durante su paso por el festival realizará un taller de ilustración junto a su colega mexicano Santiago Solís. Ella forma parte de del colectivo El Ilustradero que, con Fundación SM y la FIL de Guadalajara, hacen el proyecto Iberoamérica Ilustra, encargado del Catálogo Iberoamericano de Ilustración. También aporta con su creatividad al proyecto Trotamundos, una colección de guías de viajes imaginarios ilustrados y publicados por editorial Oink, en el que han participado la ilustradora Pati Aguilera y el periodista Claudio Aguilera, socios fundadores de PLOP! Galería. En la siguiente entrevista conversamos con Abril acerca de su trabajo creativo, su joven público y su cambiante espacio de creación.

¿Cómo es tu escritorio o espacio de creación? ¿Lo podrías describir? Y en esa misma línea, ¿qué elementos esenciales debes tener en él para concentrarte y crear?

Cuando empecé a vivir sola, me di cuenta de que mi departamento era como una gran recámara. Si bien tengo un escritorio, trabajo por todas partes de mi casa. Tengo una habitación reservada al estudio, donde hay un escritorio para la computadora, al lado de un mueble que conecta la impresora y el scanner, un mueble con mi material de dibujo y un restirador. Pero el sol da tan duro por las tardes en ciertas épocas del año en ese cuarto, que me he mudado con mi laptop al comedor. Ahí reviso correos, escribo, edito y hago diseño editorial. Si necesito escanear algo, voy al estudio abandonado y lo hago. También trabajo cuando voy por la calle, en cafés o en el transporte público. Como las distancias en el DF son largas, aprovecho para leer, para tomar notas, para dibujar. Como freelance, me toca a veces ir a la oficina de cierta editorial o institución a hacer ahí los cierres, o reunirme a trabajar en un café del centro con mis socios de Oink. O cuando voy de viaje y tengo entregas. Uno aprende a improvisarse su oficina en los lugares más insospechados. Al final, mi estudio es más mi computadora y mi mochila. Podría parecer un gran desorden, pero me queda más la sensación de que el oficio de hacer libros termina por abarcar toda la vida de uno y que nuestro estudio son los espacios que elegimos y en los que anidamos, así como el tránsito entre ellos.

En entrevista con Time Out México declaraste: “A todos nos han rechazado un trabajo, pero he llegado a la conclusión de que si dibujo es para pasármela bien”. ¿De dónde nace esa convicción? ¿La extrapolas a tu trabajo como escritora y editora?

Al principio de la carrera, empecé a hacer gestión con El Ilustradero y fui testigo del crecimiento de muchos colegas nóveles como yo. Pero yo seguía sin publicar. Cada vez que enviaba mi carpeta y me decían que no, me deprimía. Con el tiempo, esa frustración duraba menos, ahora entiendo que no es el fin del mundo. Al final seguía dibujando, entraba a concursos, preparaba una serie de lo que yo quisiera y como yo decidiera hacerla (sin que un editor me dictara cómo es el mercado) y por lo menos disfrutaba el momento. Hay que hacer lo que a uno le gusta, no para ser aceptado y entrar a un concurso o editorial, tanto como porque si decidimos dedicarnos a una carrera creativa, siempre vamos a estar involucrados en nuestro trabajo en un plano muy personal y necesitamos hacerlo. Dibujamos porque nos gusta, para pasarla bien y para pasarla mal, dibujamos como reto y como disciplina, como oficio y como forma de expresión, dibujamos para nosotros y para los demás. Lo importante siempre es seguir dibujando para que la mano se suelte; observar para encontrar otros puntos de vista y soluciones gráficas, influencias y estímulos. Y tratar de disfrutar, en la medida de lo posible, todo lo que hacemos: desde libro de texto hasta nuestro trabajo más personal.

Te has dedicado a la escritura, ilustración y edición de libros infantiles y juveniles, además de la enseñanza de esas disciplinas en talleres y charlas. ¿Qué te apasiona de trabajar con y para niños y jóvenes?

Es una pregunta difícil. Los niños y los jóvenes no me parece que estén aparte en la sociedad, pero luego el arte dirigido a ellos se segmenta en tantos pedacitos que parece que no pertenecen al mismo mundo que los adultos, se le trata con pinzas y en esa medida en momentos parecen quedan fuera. Si los niños son personas y de éstas existen distintos tipos, lo cierto es que la ilustración puede hablar lo mismo a cualquiera. Lo rico es que un niño que aún no sabe leer, pueda acceder al mensaje mediante una imagen antes que las palabras. Pasa lo mismo con alguien que no habla cierto idioma y aun así puede leer un libro álbum. La potencia del discurso gráfico está presente ahí y al alcance de todos. Por eso me gusta hacer libros ilustrados. Pero también me gusta fomentar que la gente dibuje porque es una manera de comunicarse que con el tiempo se pierde. Cuando damos talleres infantiles, a veces invitamos también a los padres a quedarse. Y es que el dibujo a veces es malentendido como una actividad infantil nada más. El dibujo es un lenguaje con códigos particulares, pero es más universal.

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Y entra a www.festilus.cl porque la entrevista a la ilustradora mexicana continúa…